Si hace unos años me hubieran preguntado qué iba a hacer con mi vida, lo habría tenido clarísimo: bailar.
Bailaba desde pequeña y durante años no me imaginaba haciendo otra cosa. Era mi plan, mi sueño y básicamente todo lo que quería hacer.
Hasta que me lesioné y tuve que dejarlo.
Y la verdad es que lo llevé fatal.
Caí en una depresión y durante bastante tiempo estuve peleada con todo. Con mi cuerpo, con el deporte, con el baile y un poco con la vida en general. Me había imaginado mi futuro de una manera y, de repente, ya no existía.
Estuve dos años sin dar un solo paso de baile. Me costaba muchísimo verme en un espejo y saber que ya no podía hacer lo que llevaba haciendo toda mi vida.
Con el tiempo volví a hacer deporte, pero tampoco fue como que empecé a entrenar y mágicamente volví a ser yo. Ojalá jajaja.
Entrenaba, me hacía bien y poco a poco volví a sentirme cómoda con mi cuerpo, pero seguía sin tener algo que me ilusionara de verdad.
Creo que eso era lo que más echaba de menos de bailar. Tener algo mío. Algo en lo que pensar todo el día, que me dieran ganas de levantarme y hacer cosas, sentir que estaba trabajando por algo que quería muchísimo.
Y no sé muy bien en qué momento, pero ALVA485 empezó a ocupar ese lugar.
No tengo una historia increíble de cómo se me ocurrió la idea porque, sinceramente, ni me acuerdo. No hubo un día en el que dijera “ya está, voy a crear una marca”.
Fue pasando.
Empecé a apuntar ideas, a investigar, a imaginarme cosas, a buscar tejidos, a aprender de algo de lo que no tenía ni idea… y cada vez me fui metiendo más.
Hasta que me di cuenta de algo que hacía muchísimo tiempo que no me pasaba:
estaba otra vez súper ilusionada con algo.
Tenía 21 años y cero idea de cómo se creaba una marca. Pero sí había una cosa que llevaba años pensando: yo quería hacer algo grande.
No sabía qué iba a ser. Y mucho menos imaginaba que acabaría siendo todo esto.
La idea fue creciendo, cada vez se sentía más real y en algún punto dejó de ser simplemente “esa cosa que estaba intentando hacer”. Necesitaba un nombre.
ALVA salió de mí, obviamente, pero quería que tuviera algo más. Algo que fuera muy mío y que tuviera una historia detrás.
Y ahí aparecieron 485.
Son tres números que pertenecen a mi historia, a mis raíces y a personas que forman parte de quién soy. Podría contar exactamente qué significa cada uno, pero creo que hay cosas que también está bien guardarse para una misma.
Y así nació ALVA485.
Lo más curioso de todo es que durante años sentí que dejar el baile me había quitado el camino que tenía para mi vida. Me costó muchísimo aceptar que las cosas no iban a salir como yo había pensado.
Y al final, sin buscarlo demasiado, terminé construyendo uno nuevo.
Creo que por eso hubo una frase que estuvo con ALVA485 prácticamente desde el principio:
LA VIDA EMPIEZA MUCHAS VECES.
Al principio simplemente sentía que esa frase era muy yo. Ahora entiendo mucho mejor por qué.
Porque a veces algo se acaba y parece que se acaba todo con ello. Y luego pasa el tiempo, cambias, aparecen otras cosas y te das cuenta de que no. Que puedes empezar otra vez y que esa nueva vida puede no parecerse en nada a la que tenías planeada.
ALVA485 fue una de esas veces para mí.
Ahora mismo no tengo ni idea de dónde estará la marca dentro de cinco o diez años. Obviamente sueño con llevarla lejísimos y hacer algo muy grande con ella.
Pero eso ya os lo iré contando.
Porque esto acaba de empezar.
Y si estás leyendo esto ahora, tú también estás aquí desde el principio.
Gracias por formar parte de ALVA485. De verdad. 🤍
Alba